[música de fondo] Hola. Te doy la bienvenida al podcast de la OIT sobre el futuro del trabajo. Soy Pablo María Sorondo. Hoy vamos a discutir el tema de la eliminación de la violencia y el acoso contra las mujeres en el mundo del trabajo y lo que se viene haciendo en Argentina para abordar este problema. Antes de presentar a las personas invitadas para este episodio escuchemos el testimonio de dos mujeres que sufrieron experiencias de violencia y acoso en sus lugares de trabajo.
Me llamo Rosa María. Tengo 30 años. Durante un año trabajé en un estudio contable. A veces me encontraba sola con el contador y me era incómodo, me daba miedo él. Yo me daba cuenta cómo me saludaba, con demasiada confianza. A veces me pasaba tan cerca que me rozaba sin querer. Mi nombre es Mariana. Hace meses que vengo sufriendo acoso laboral. Esto me causó problemas psicológicos. Solicité una licencia.
Así y todo me intimaron a asistir al trabajo, me dijeron que era abandono de tareas. Esto no es solamente conmigo, a mis compañeras les pasa lo mismo hace mucho tiempo. Esto nos causa problemas de salud graves. Los testimonios que acabas de escuchar fueron grabados por actrices, pero son historias reales recogidas en Argentina por la Red Territorial contra la Violencia Laboral, un área del Gobierno que depende del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la nación. Los relatos de Rosa María y Mariana son dos entre
miles de casos similares de violencia y acoso. En Argentina, 6 de cada 10 personas que trabajan, experimentaron o experimentan alguna situación de violencia laboral, física, psicológica o económica. Este es un dato que surge del estudio Trabajar sin violencias, presentado a finales del año 2021 y elaborado por la OIT en el marco de la iniciativa Spotlight. El estudio es una de las múltiples acciones que llevó adelante la organización
como parte de sus esfuerzos para promover la agenda del Convenio 190, que al momento ya ratificaron 22 países. Precisamente en este nuevo episodio del podcast de la OIT sobre el futuro del trabajo vamos a explorar el caso de Argentina, que fue el cuarto país en ratificar esta norma. Vamos a conocer el camino recorrido desde entonces y cuáles son las acciones concretas que realizan el Gobierno, el sector empleador y el sector sindical junto con la OIT para abordar este problema social.
Enviaremos el proyecto de ley para la ratificación del Convenio número 190 sobre violencia y acoso en el mundo del trabajo. Es una expresión unánime de la comunidad internacional contra la violencia de género y el acoso en el mundo del trabajo. Quien habla ahora es el presidente de la república Argentina, Alberto Fernández. Este es un fragmento del discurso que brindó en marzo del año 2020 durante la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso Nacional ante la Asamblea Legislativa.
Cuando el presidente argentino dio esta noticia la organización y el Gobierno llevaban bastante tiempo de conversaciones que se iniciaron después de la Conferencia Internacional de Trabajo en Ginebra del año 2019 cuando se aprobó el Convenio 190 sobre la violencia y el acoso y su recomendación asociada, la recomendación número 206. Un año después del anuncio del presidente Alberto Fernández, Argentina completó formalmente la ratificación del Convenio 190 y se
convirtió en el cuarto país del mundo en hacerlo luego de Uruguay, Fiyi y Namibia. El 23 de febrero de este año, el Convenio 190 entró en vigor en el país y Argentina adquirió el compromiso de aplicar sus lineamientos en la legislación y la práctica nacional. Si bien el sector empleador y las organizaciones sindicales tienen un rol fundamental, el Estado es el principal responsable de dar cumplimiento al convenio. Para indagar sobre este tema con mayor detalle
vamos a dialogar con Cecilia Cross, la subsecretaria de Políticas de Inclusión en el Mundo Laboral perteneciente al Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de Argentina. Subsecretaria, bienvenida. Gracias a ustedes por invitarme. Hace un momento planteaba el contexto y el desafío del Gobierno para impulsar la implementación del Convenio 190. ¿De qué manera están acompañando, por ejemplo, al sector empleador para promover esta agenda? Existen muchísimas empresas que tienen la voluntad
y la vocación de incorporar la agenda del Convenio 190, sus acciones concretas. Por eso, a pesar de que en un primer momento parecía que este sector iba a ser más reacio a la implementación de esas medidas. Trabajamos en el diseño de un programa, que es el programa Qualitas 190, que busca acompañar a las empresas en el proceso de readecuación, sobre todo de sus procesos productivos para lograr erradicar la violencia y el acoso de las relaciones
laborales en la convicción de que lo que nos propone el Convenio 190 no es la mirada centrada en la persona, en la idea de una persona que pueda ser violenta, sino en aquellos procesos que alientan o que favorecen la ocurrencia de abusos de autoridad, de acosos sexuales, de acosos laborales. Es decir, sabemos, conocemos que hay determinadas prácticas que predisponen a la ocurrencia de situaciones que por ahí pueden ser compatibles
con esta consideración y que en muchos casos son situaciones que sí han sucedido en el tiempo por ahí por décadas, esta cuestión de siempre se ha hecho así, pero que hoy se han vuelto intolerables a la luz de los avances de la agenda feminista en todo el mundo. En general, ¿cuál es la receptividad del sector empleador frente al programa Qualitas 190? En general, lo que hay es una demanda concreta del sector empleador que necesita
herramientas para poder atender situaciones con las que no sabe cómo lidiar. Nuestro programa en general resulta muy estimulante. De hecho, lo que termina ocurriendo es que las empresas que participan, en la actualidad son casi 50 empresas líderes que han participado en este proceso, van inclusive mucho más allá de lo que esperaban en un primer momento. De alguna manera, al consustanciarse con esta agenda y el encontrar sus aspectos innovadores encuentran que es una herramienta muy potente.
En algunos casos incluso acompañaron a sectores específicos para desarrollar protocolos de actuación, como sucedió con el protocolo de actuación ante situaciones de violencia de género en teatro y televisión o uno similar con la actividad metalmecánica. ¿Podría comentarnos algo más sobre esto? Esos tres primeros protocolos que hemos logrado firmar, hay otros que estamos tratando de concretar, nos llenan de orgullo porque se basan en el diálogo social,
en el esquema tripartito de la negociación colectiva. Se han negociado con cámaras y con sectores sindicales. Realmente marcan un paso adelante muy importante, muy significativo y muestran la madurez del diálogo social en nuestro país, aun para agendas tan innovadoras como la del 190. Se trata de tres convenios que buscan la erradicación de la violencia en el sector. Son muy importantes, porque al ser sectoriales, al ser de actividad, están por encima inclusive de las empresas en particular y son herramientas muy
poderosas tanto para los sindicatos como para las empresas en términos de poder. Como decía antes, revisar estos procesos que muchas veces facilitan o generan situaciones que pueden ser violentas y que a veces no se sabe cómo afrontar porque en realidad son situaciones que surgen a partir de prácticas que están muy arraigadas. Recién mencionó algo muy relevante, nada menos que las situaciones personales. Al comienzo de este episodio, de hecho,
escuchamos fragmentos de dos testimonios basados en historias reales que fueron recogidos por la Red Territorial contra la Violencia Laboral que está bajo su órbita. Son testimonios de personas que sufrieron alguna clase de violencia en sus espacios de trabajo y que pudieron contar con la asistencia de un área particular del Estado creada específicamente con este objetivo. ¿Qué nos podría contar sobre la Red Territorial y sobre los resultados que está teniendo? La Oficina de Violencia Laboral,
que depende de la Subsecretaría de Políticas de Inclusión en el mundo Laboral del Ministerio de Trabajo, es el resultado de una acción concreta que se viene realizando desde el ministerio en diálogo con la Intersindical de Violencia desde hace por lo menos 15 años y que ha permitido que se pudiera empezar a poner en palabras y que se pudiera empezar a poner blanco sobre negro distintas situaciones a lo largo y a lo ancho de nuestro país.
Esta oficina comenzó dentro del ámbito del Ministerio de Trabajo, pero en la actualidad está impulsando el desarrollo de redes territoriales que de alguna manera permiten empezar a dimensionar, a cuantificar y a calificar la violencia realmente existente en nuestro país. En tal sentido también hemos dado un nuevo impulso a la Comisión Tripartita de Igualdad de Oportunidades, la CTIO, como un ámbito desde el cual empezar a analizar las distintas situaciones
desde un enfoque sectorial, desde un enfoque federal. También estamos trabajando para la adecuación de la CIOT que cumple un rol parecido, pero dentro del ámbito público a los lineamientos del Convenio 190. La CTIO es, dentro de la organización pública nacional, el organismo que recepta las denuncias de violencia y acoso en el lugar de trabajo. Es decir, estas son todas políticas públicas que emergen de la acción concreta y cotidiana del Ministerio del Trabajo en su interacción con las redes intersindicales contra la violencia.
Si se mira el tiempo que pasó desde la adopción del convenido 190 en junio del año 2019 hasta hoy, a comienzos de diciembre del 2022, vemos que, a pesar de la pandemia, de la crisis social, de los cambios institucionales durante todo el periodo, la agenda del convenio se mantiene en un avance constante. ¿Usted cree que se puede hablar de una política de Estado en torno a la violencia y el acoso laboral en Argentina? Creo que se puede decir que Argentina ha asumido un rol pionero,
no solo en lo que se refiere a sus autoridades políticas, el presidente Alberto Fernández, sino también al movimiento obrero. El presidente Alberto Fernández no solo promovió la ratificación del Convenio 190 aun en plena pandemia, no dejó que la agenda de la emergencia quitara de eje lo urgente, lo importante, sino que además creo que comprendió que la agenda del 190 es la agenda del futuro,
porque la agenda del 190 justamente a lo que nos invita es a descentrar esta idea de que se puede separar nítidamente el espacio de trabajo y el espacio de no trabajo, el tiempo de trabajo y el tiempo de no trabajo. Esto es muy importante en términos, por ejemplo, de igualdad en lo que se refiere a las mujeres. Subsecretaria Cecilia Cross, muchísimas gracias por su participación. Para seguir profundizando en este tema vamos a conversar ahora con Javier Cicciaro, oficial de proyecto de la OIT Argentina en la iniciativa Spotlight,
una alianza global de las Naciones Unidas apoyada por la Unión Europea que busca eliminar la violencia contra mujeres y niñas en todo el mundo. Hola, Javier, ¿cómo estás? Hola, Pablo, ¿cómo te va? Bien, y ¿vos? Argentina promovió la adopción del Convenio 190, fue uno de los primeros países que lo ratificaron y aprobó una ley nacional para adaptar la norma en el país. ¿Qué hizo la OIT para acompañar este largo proceso? Efectivamente, Argentina es uno de los 22 países a día de hoy
que ha ratificado este convenio internacional. Ha sido el cuarto en haberlo hecho y uno de los nueve que hasta el momento lo hizo desde América Latina y el Caribe. Una agenda regional interesante que parece estar armándose en la materia. Nosotros desde OIT intentamos acompañar siempre que se adopta una norma internacional, un convenio de esta magnitud, que no es algo que suceda con tanta periodicidad. Este convenio fue aprobado en 2019. Anteriormente el Convenio 189 que lo precedía era del 2011.
No es nada sencillo cuando se adopta una norma internacional de trabajo a nivel global. Nuestra gran tarea es salir a impulsar su ratificación por parte de los estados miembros. Argentina es uno de ellos, uno de los primeros estados miembros de la OIT. Nuestra tarea ahí fue todo un primer ejercicio más abocado a la sensibilización y a difusión, a dar a conocer este Convenio 190, la recomendación 206 que lo acompañaba, plantear todo este concepto más nuevo de violencia,
de acoso en el mundo del trabajo junto a los mandantes tripartitos de la OIT, Gobierno, organizaciones de empleadores y empleadoras, organizaciones sindicales. Ahí tuvimos más de 70 actividades en los últimos tres, cuatro años sobre este tema, con estos actores a nivel nacional y provincial, que nos permitió llegar a más de 7.000 personas con estos temas y esta problemática. En el marco de la iniciativa Spotlight, la OIT impulsó una diversidad muy grande de acciones como estudios,
diagnósticos sectoriales, guías, espacios de formación que en muchos casos incluyeron actividades en los territorios, como sucedió en las provincias de Salta, Jujuy, Buenos Aires, Córdoba. ¿Qué destacas en particular de todas estas acciones y de todos los resultados? Como organismo técnico especializado de Naciones Unidas, con unas cuantas décadas, ya más de más de 100 años de existencia, jugamos también un rol a la hora de aportar
evidencia para la toma de decisiones. En ese sentido, desarrollamos estudios, investigaciones. Elaboramos, por ejemplo, un estudio que se llama Desafíos a nivel institucional, normativo y de política pública para implementar el convenio en Argentina que discutimos y validamos con mandantes tripartitos y que de alguna manera plantea una hoja de ruta para la implementación de este convenio. Elaboramos también junto al Equipo Latinoamericano de Justicia y Género una sistematización de 1.000 experiencias que rastrearon cómo universidad, Estado,
sindicato, empresa venían trabajando este tema en los últimos 10 años, para tener en claro desde dónde partíamos. Hicimos diagnósticos. Hay una gran brecha de información. Es difícil obtener datos en todo el mundo. No hicimos una obsesión sobre este fenómeno porque es difícil de visibilizar, de contar. Ahí aportamos un diagnóstico junto a la Red Intersindical contra la Violencia Laboral y la Universidad Nacional de Avellaneda que, por ejemplo, mostró que tres de cada 10 trabajadores y trabajadoras sufren situaciones de violencia en su trabajo actual y son 6 de cada 10 cuando
hablamos de la trayectoria laboral más ampliada. Nos mostró nivel de prevalencia altos. Hicimos también estudios para sectores como salud, energía eléctrica, el trabajo doméstico y más recientemente, ahí ya más ligada a la formación y al trabajo con sindicatos y con empleadores, acabamos de publicar una guía sindical que orienta el accionar de delegadas, delegados, dirigentes sindicales respecto a cómo trabajar estos temas desde los roles de representación sindical.
Lo mismo estamos haciendo material pensado para quienes tienen responsabilidades en áreas de recursos humanos, legales, compliance de las empresas que tienen la necesidad y la obligación a partir de la ratificación de este convenio de empezar a elaborar políticas en el lugar de trabajo para abordar esta problemática. La pregunta que sigue te va a exigir un análisis prospectivo, porque quisiera terminar con una reflexión mirando hacia el futuro, aunque el futuro cercano. Desde tu perspectiva, ¿qué desafíos crees que tiene Argentina para implementar
el convenio y en particular para asegurar su cumplimiento? El país tiene avances importantes, pero también tiene desafíos, como bien vos decís. Un primer desafío quizás más inmediato y más urgente tiene que ver con la adaptación normativa. El convenio en su artículo 7 habla de prohibir legalmente la violencia y el acoso en el ámbito de trabajo. Mientras que tenemos una ley, que es la 26485 de protección integral a las mujeres que aborda la violencia laboral contra las mujeres, mientras que tenemos una ley de identidad de género,
una ley de contratos de trabajo, una ley de actos discriminatorios, no tenemos a nivel nacional una ley que específicamente aborde y regule la problemática de violencia y el acoso en el ámbito de trabajo. Ahí tenemos una primera brecha por saldar. En septiembre del año próximo, Argentina va a tener que presentar su primera memoria ante la OIT en términos de organismo de control que también somos cuando los países ratifican un convenio. Ahí va a tener un primer momento de poder contar lo que ha hecho para implementar este cumplimiento.
Ese desafío se extiende también a nivel subnacional, 14 de las 24 jurisdicciones tienen alguna normativa también relacionada o que al menos aborda una parte de la problemática, pero en ninguno de estos niveles existe una norma que, en términos de definición de la problemática, los sujetos comprendidos, el ámbito de la aplicación, que son todas dimensiones que el convenio plantea de manera más amplia, estén alineadas con lo que el convenio y la recomendación han establecido. Hay una primera agenda más de adaptación normativa.
Un segundo elemento de desafío creo que tiene que ver con la necesidad de una jerarquización y una mayor articulación institucional. Tenemos una problemática de creciente visibilización donde existen las vías del Estado a nivel nacional y subnacional que dan respuesta, pero que creemos que a la luz de estas definiciones más amplias, en términos de sujetos comprendidos, ámbito de aplicación, deben ser jerarquizadas y actualizadas también en su formación para poder acompañar de manera integral a este tipo de situaciones.
Como país federal ahí claramente hay una articulación vertical, nación-provincia, pero también horizontal entre ministerios de trabajo, de género, de empleo público, de desarrollo social, la Superintendencia de Riesgos del Trabajo por profundizar. Ya ahí a nivel federal sí es interesante destacar, por ejemplo, el avance que ha habido con una red territorial contra la violencia laboral. Una iniciativa más que interesante. Está justamente esto, traccionando una respuesta lo más coherente y homogénea posible,
qué situaciones que se suceden a lo largo del territorio del país en coordinación entre el territorio, las provincias y el Ministerio de Trabajo de la nación. Con lo cual, eso hay que destacar, más allá de estos desafíos, los caminos interesantes que el país viene recorriendo al respecto. Quizás para culminar uno también tiene que pensar estrategias de intervención puntuales. Allí es importante concebir que no todos los sectores tienen los mismos niveles de prevalencia.
Sabemos por las estadísticas que se producen que sectores como salud, educación, administración pública, defensa, hotelería y gastronomía, trabajos domésticos, son sectores donde se producen en mayores niveles de prevalencia este tipo de situaciones de violencia o acoso. No casualmente son los sectores más feminizados. Ahí hay que recordar que el convenio dice, no solo podemos trabajar vía normativa, pero también la negociación colectiva puede ser un espacio fundamental donde
se sienta el empleador con la representación de las y los trabajadores para discutir cuál es la mejor política del lugar de trabajo para prevenir o abordar situaciones de violencia dada esa especificidad sectorial. No hay que olvidarse también como estrategia que la seguridad de salud en trabajo es otro canal para pensar en la violencia del acoso como un riesgo, la necesidad de abordarlo y de mitigar sus efectos. Un poco por acá nos parece que hay estos tres grandes capítulos de desafíos
por delante para hacer de este convenio una letra viva en nuestro país. Javier Cicciaro, oficial de proyecto de la OIT Argentina en la iniciativa Spotlight. Javier, te agradecemos mucho por tu participación. Hay mucho más para decir sobre este tema, pero hasta aquí llegamos por ahora. Para más información, visitá el sitio web de la OIT en www.ilo.org. Gracias por acompañarnos en un nuevo episodio del podcast de la OIT sobre el futuro del trabajo.
Mi nombre es Pablo María Sorondo. Les dejo un saludo desde la ciudad de Buenos Aires en Argentina. Hasta la próxima. [música de fondo]



