[música de fondo] -Bienvenidas y bienvenidos a El Futuro del Trabajo, el podcast de la OIT donde analizamos los principales desafíos del mundo laboral. Mi nombre es Sonia Álvarez, asistente de comunicación de la oficina de la OIT para el cono sur de América Latina. Estaré acompañándolos en este episodio donde exploraremos los hallazgos clave del Informe Panorama Laboral 2024 de América Latina y el Caribe. Para ello nos acompaña Gerson Martínez, especialista regional en economía laboral de la OIT y autor principal del informe.
Hola, Gerson. Bienvenido al podcast. -Hola, Sonia. Un gran gusto poder estar acá para hablar sobre los desafíos y oportunidades del mercado laboral de nuestra región. -Gerson, para empezar. ¿Cómo describirías la situación actual del empleo en América Latina y el Caribe? -Los principales indicadores laborales de nuestra región presentan una estabilidad relativa. En un contexto de crecimiento económico que ha sido también moderado en este último año, la tasa de ocupación del 2024 aumentó levemente con respecto al 2023.
Por otro lado, la oferta laboral que se mide por la tasa de participación -es decir, el porcentaje de personas que están en edad de trabajar y que están trabajando o buscando un empleo- se mantuvo relativamente estable con respecto al año anterior. Aunque todavía se encuentra por debajo de los niveles que se registraban en 2019. Este aumento leve de la ocupación y la estabilidad del nivel de participación laboral ha hecho
que la tasa de desocupación regional registre un nuevo descenso en el año anterior. Estas son buenas noticias. Sin embargo, hay que también tener en cuenta que, además de estos avances en término de cantidad de empleo generado, persisten para nuestra región desafíos estructurales de largo plazo en términos de calidad del empleo. Particularmente nos referimos a la informalidad que todavía persiste como uno de los principales desafíos de América Latina
y el Caribe. También da cuenta de que, pese a estos avances leves, existen todavía brechas históricas y brechas en cuanto a la generación de empleo formal de nuestra región que permita reducir disparidades que son notables entre países, entre hombres y mujeres, entre jóvenes y adultos. En términos generales, el desafío de la calidad de empleo sigue siendo un desafío persistente. -Entiendo que el mercado laboral se ha recuperado de la pandemia.
Si comparamos la situación actual con la de hace 10 años, por ejemplo, ¿estamos mejor? ¿Estamos peor? ¿Igual? ¿Cuál sería tu apreciación al respecto? -Efectivamente, el mercado laboral de la región en promedio ya registra niveles que han superado los niveles que teníamos en 2019, previo a la pandemia. Con excepción de la tasa de participación, que todavía está levemente por debajo de estos niveles prepandemia, en términos generales la ocupación, el desempleo están en niveles mucho mejores
que los que tenemos previo a 2020. Sin embargo, estos niveles son particularmente similares a los que teníamos hace 12 años. Esto nos indica que pese a las mejoras, pese a los avances que han habido, todavía persiste la necesidad de que nuestro mercado de trabajo, nuestra economía generen una cantidad mucho mayor de empleo que permitan poder cerrar y mejorar los indicadores de forma sustantiva en cuanto al mercado de trabajo.
-Un tema clave en el informe es la informalidad laboral, que afecta casi a la mitad de los trabajadores de la región. ¿Qué significa que un trabajo sea informal y por qué afecta tanto a América Latina y el Caribe? -Efectivamente, la informalidad sigue siendo un fenómeno de alta incidencia en nuestro mercado de trabajo. El 47,6% de las personas que tienen alguna ocupación en nuestra región están en condición de informalidad. Esto es particularmente preocupante debido a las características
que implican tener una ocupación informal. Estamos hablando de que alguien con un empleo, una ocupación informal, no tiene acceso a la seguridad social. Normalmente está sometido a niveles de ingresos laborales bajos ocupados en actividades económicas de baja productividad. También están no plenamente representados. También tienen dificultades para poder tener acceso a todas las prestaciones y derechos laborales.
Por tanto, esto es un desafío central para nuestros mercados de trabajo que, aunque en el último año ha habido una mejora leve, te mencionaba, hemos pasado de una tasa de informalidad en 2023 del 48% a una del 47,6% en 2024, que es un avance leve, pero todavía insuficiente. Los niveles de informalidad son muy altos. Estamos hablando de que en esta condición se encuentran
una de cada dos personas ocupadas en América Latina y el Caribe. Esto también hay que ponerlo en perspectiva de que hay algunos países en nuestra región que tienen niveles de incidencia de la informalidad todavía mucho más altos. También dentro de los países existen diferencias entre sectores y tipos de ocupación. Por ejemplo, el trabajo doméstico remunerado que, aparte de tener niveles de informalidad muy alta que llega en algunos países
a representar más del 80%, también se caracteriza por ser un sector, un grupo de ocupación altamente feminizado. -Sin duda estamos ante un desafío central en la región. ¿Qué se puede hacer entonces para reducir la informalidad? -La OIT recomienda a través de su estrategia regional para facilitar la transición a la economía formal que los países implementen un enfoque integrado. Este enfoque integrado debería estar compuesto por cuatro pilares.
El primero; integrar acciones para fomentar el desarrollo productivo y elevar la productividad. El segundo; políticas de empleo y desarrollo de competencias que permita generar más empleo formal. El tercer pilar; cómo fortalecer los sistemas de protección social. Y un cuarto pilar; la importancia del reconocimiento y cumplimiento de los derechos laborales en nuestros países. -Gerson, mencionaste que las mujeres son las más afectadas por la informalidad.
Esto nos lleva al siguiente tema que quisiera conversar contigo; la desigualdad de género. ¿Cuáles son los principales desafíos que enfrentan las mujeres en la región? -Las mujeres enfrentan desafíos diversos, particularmente uno que tiene que ver con la baja participación laboral femenina que, si lo comparamos con la participación laboral de los hombres, es sumamente baja. Cuando hablamos de la participación laboral nos estamos refiriendo a la proporción de hombres o mujeres en edad de trabajar que están ocupados
o que buscan un empleo. Esta proporción de participación laboral entre hombres y mujeres es bastante amplia en cuanto a su diferencia. Hay cerca de 22 puntos porcentuales por debajo de la participación femenina en relación a la de los hombres. Esto limita la posibilidad de que mujeres en edad de trabajar puedan generar un ingreso laboral, puedan desarrollar una trayectoria de trabajo decente. Esto se explica por diferentes factores,
esta limitante para poder acceder al mercado de trabajo. Uno de ellos es la sobrecarga del trabajo reproductivo, del trabajo de cuidados no remunerados sobre las mujeres, que se convierte, por ejemplo, en una de las principales barreras para que las mujeres puedan tener el mismo nivel, las mismas posibilidades de acceso al mercado de trabajo que los hombres. Por otro lado, las mujeres están desproporcionadamente afectadas por la informalidad. Esto, como lo mencionábamos anteriormente, implica
una erosión de los derechos laborales y las condiciones de trabajo que tienen las mujeres en nuestra región. Las mujeres enfrentan tasas de desempleo mayores a la de los hombres. En términos de ingresos, las mujeres perciben en promedio un 20% menos que los hombres en nuestra región. Por eso, los retos son diversos y también de carácter estructural porque, pese a las mejoras que el mercado laboral ha percibido en este último año,
estas brechas persisten en el tiempo. -Dentro de los desafíos que mencionas haces referencia a la brecha salarial de género. Justamente el informe incorpora un indicador complementario para medir de manera más precisa esta brecha. ¿Nos podrías explicar cómo funciona? -Esta medición complementaria, el indicador de brecha salarial de género, permite poder tener en cuenta las diferencias en cuanto al tipo y la estructura de inserción laboral de las mujeres
con respecto a los hombres. Esto quiere decir, por ejemplo, que vamos a poder comparar niveles de ingresos por salarios en grupos que son mucho más homogéneos; es decir, poder comparar peras con peras y manzanas con manzanas. Esto permite poder tener una comparación, como lo mencionaba antes, mucho más homogénea y tener una medición de las brechas de ingresos mucho más precisa en nuestros mercados de trabajo.
Esto es, como bien lo mencionaba, un indicador que puede complementar la lectura de estas diferencias de ingresos entre hombres y mujeres al compararse entre grupos mucho más homogéneos. Para poder arribar a este indicador complementario de brecha de género ponderada, lo que hacemos en este ejercicio es comparar, por ejemplo, el grupo de mujeres en un tipo de ocupación similar a un grupo de hombres en ese mismo tipo de ocupación o con jornadas laborales similares.
Por ejemplo, mujeres que trabajan a tiempo completo con hombres que trabajan a tiempo completo, y comparar sus niveles salariales. Luego, todos estos grupos poderlos promediar y a partir de esto arribar a un promedio de brecha salarial de género mucho más ajustada a estas diferencias que en el mercado de trabajo existen entre hombres y mujeres y que podrían de alguna manera limitar la precisión de esta medición de no tener en cuenta estos factores; factores como la educación,
factores como los sectores de actividad económica en la que se ocupan y la duración de la jornada de trabajo, entre otros. -Las mujeres no son las únicas que se enfrentan con grandes retos para ingresar y permanecer en el mercado laboral. Te invito a que hablemos de las y los jóvenes. ¿Cuál es la situación en particular? -Los jóvenes enfrentan desafíos iguales que el resto de la población en el mercado de trabajo, pero a una magnitud mayor. Un ejemplo de esto es la alta tasa de desocupación que las personas entre 15 y 24 años enfrentan.
La tasa de desocupación juvenil, el dato más reciente para 2024 dio cuenta que 13,8% de las personas que buscan empleo de manera activa en este rango de edad no lo logran encontrar. Estamos hablando de que esta tasa de desocupación juvenil representa casi el triple de la tasa de desocupación de los adultos. La falta de empleo en términos de disponibilidad no es el único desafío que las personas jóvenes en América Latina enfrentan.
Existen todavía retos importantes para facilitar una transición adecuada del mundo educativo al mundo laboral que hoy existen desafíos importantes para garantizar el acceso a un primer empleo en condición formal. También es importante tener en cuenta que aquellos jóvenes que ya están ocupados e insertos en el mercado laboral enfrentan niveles de informalidad superiores a los que enfrentan sus pares adultos. Por último, es importante en un mundo en constante transformación
cómo garantizar no solamente la cobertura de la educación técnica profesional, sino también cómo garantizar que esta sea pertinente y de calidad, particularmente para proveer un mayor acervo de habilidades digitales y técnicas a nuestras personas jóvenes, como decía antes, en un mundo que cada vez está cambiando de manera más constante. Esto además de plantear retos -es decir, este desafío en el empleo juvenil- también nos hace pensar que en nuestra región también
se han implementado medidas que han permitido en algunos países reducir estos desafíos del empleo juvenil. Podemos decir que los programas de formación, los programas de pasantías laborales de formación en el lugar de trabajo, también la implementación de políticas activas del mercado laboral y el fortalecimiento y ampliación de la cobertura de servicios públicos de empleo -es decir, cómo mejorar los servicios de orientación laboral e intermediación laboral-
han generado mayores oportunidades para que nuestros jóvenes puedan encontrar un empleo en condición de formalidad. -Muy bien. Gerson, hasta el momento hemos hablado de la situación del año pasado y las brechas persistentes. ¿Qué podemos esperar para el 2025? -Si las previsiones de crecimiento económico se mantienen tal cual como se han dado hasta el momento, esperamos que el comportamiento del mercado de trabajo mantenga la estabilidad que ha mostrado en 2024.
Es decir, por ejemplo, que esperamos que de mantenerse estas previsiones de crecimiento económico, la tasa de desocupación regional se mantenga alrededor del 6% como lo ha hecho en este año 2024. Sin embargo, en el marco de esta estabilidad, al igual que como lo hemos planteado en los últimos minutos de esta conversación, será importante acelerar el avance en la materia de generación de empleo informal, pero también abordar estos déficits del trabajo decente
que son estructurales y de largo plazo en nuestra región. Me refiero a enfrentar el reto de la formalización laboral, de avanzar hacia garantizar una mayor equidad de género, en garantizar el trabajo decente para nuestros jóvenes. Por último y no menos importante, tener en cuenta que nuestro mercado de trabajo, al igual que está pasando alrededor del mundo, está sufriendo cambios vertiginosos derivados del cambio tecnológico,
del cambio climático, de la transición demográfica. Eso, además de ser un desafío porque está transformando nuestro mundo de trabajo, también debería verse como una oportunidad, una oportunidad para poder aprovechar los nuevos empleos que en el marco de la adaptación, por ejemplo, del cambio climático o la adaptación tecnológica se están dando. Para esto, las políticas de empleo desde un enfoque integrado y, particularmente, la formación técnica profesional juegan un rol fundamental para convertir estos desafíos en oportunidades
y promover, además de un crecimiento económico sostenido, sostenible e inclusivo, el trabajo decente, el empleo pleno y el empleo productivo. -Ya estamos llegando al final de la conversación. Contarles que además del informe, la OIT está presentando una novedad muy interesante. Gerson, ¿nos puedes contar más? -Sí. Tengo el gusto de también compartir que este año, junto con la presentación del Informe Panorama Laboral y en colaboración con el Sistema de Información
y Análisis del Mercado Laboral en América Latina y el Caribe, SIALC, un proyecto que ha contado con el apoyo del Gobierno de Panamá en los últimos años, hemos desarrollado una herramienta nueva; un dashboard digital que permite consultar indicadores clave del mercado de trabajo a nivel de país o inclusive consultar indicadores del mercado de trabajo para la región en su conjunto. Esta plataforma permitiría, por ejemplo, si alguno quisiera conocer
cómo ha evolucionado el empleo en algún país en particular y compararse con lo que pasa en la región, esto se podría hacer a través de la generación de gráficos dinámicos que permiten ver esta información que también la OIT estará actualizando de forma permanente. Esto es un instrumento, es una herramienta interactiva que permite visualizar los datos de empleo y que permite ver los desafíos que nuestra región y países en particular de nuestra región
están enfrentando a futuro. Esperamos que esto sea un elemento adicional que permita también a nuestros constituyentes poder contribuir en avanzar hacia la promoción del trabajo decente en los países. -Sin duda una gran noticia, porque esta herramienta va a facilitar el acceso a la información y a la toma de decisiones. Gerson, muchas gracias por compartir estos hallazgos con nosotros. -No, gracias a ustedes. -En este episodio analizamos los avances y desafíos del empleo en América Latina y el Caribe. Les recordamos
que el informe completo de Panorama Laboral 2024 está disponible en el sitio web de la OIT, donde también pueden acceder al nuevo dashboard digital para revisar los indicadores de cada país. Visítanos en www.ilo.org/americas. Nos encontramos en el próximo episodio de El Futuro del Trabajo. Hasta la próxima.


